Color rosa bermellón, de burbujas muy finas. notas de rosa, naranja y azafrán que se aprecian fugazmente, el buqué adquiere una mayor calidez y se perciben predominantemente los frutos rojos —frambuesa y cereza— que desembocan en toques más oscuros, de higos y grosella negra. Finalmente, logra imponerse el dulzor, con notas de pan de jengibre y regaliz. La fruta es majestuosa, madura, carnosa y profunda. Tras una primera sensación en boca notablemente suave y redonda, el vino se asienta en el paladar cubriéndolo con una especie de caricia íntima e intensa. Un poder contenido; con la coherencia como impresión predominante. Las sensaciones, sápidas, convergen y persisten, manteniendo vivo el recuerdo de su impronta táctil.
En 2009, el invierno empezó siendo especialmente duro. En la región de Champagne nevó intermitentemente y se registraron temperaturas bajas de manera prolongada. La primavera fue cálida, aunque lluviosa. El clima no favorecía la floración, y el mildiu amenazaba las vides.
Aunque se produjeron algunos períodos de tormentas que suscitaron cierta preocupación por la salud de las vides, el verano fue predominantemente soleado, sobre todo en agosto. Durante cinco semanas consecutivas, hizo calor y el clima fue seco y muy soleado. El 4 de septiembre una tormenta de granizo azotó los viñedos de Hautvillers, Verzenay y Chouilly. Sin embargo, el clima veraniego reapareció al día siguiente y las uvas continuaron madurando sin contratiempos.
Este vino es un homenaje a la variedad Pinot Noir que aquí se mezcla a la perfección con Chardonnay en proporciones mantenidas en secreto. Aunque tardó más de diez años en ver la luz, el cuerpo de Dom Pérignon Rosé 2009 logra expresar toda la tensión entre juventud y madurez, exhibición y moderación.
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